Skip to main content

Hagamos una introducción primero antes de hablar de cómo establecer el propósito de marca con ikigai…

Como ya sabemos la Revolución 2.0, un popurrí de el mundo se va a la mierda, disrupción de nuevas tecnologías, crisis sanitaria e inflación, ha cambiado todo. A mí me preocupa regular porque soy de esa gente que ve oportunidades en las crisis. Es el momento de hacer las cosas de manera diferente —no puedo estar más motivada—. La innovación y la digitalización se postulan como salvadoras del nuevo mundo, y ¡oye, eso es lo mío!

La innovación en los negocios consiste en crear valor para las empresas, los clientes y la sociedad. Responder a las nuevas necesidades de los usuarios y a las inquietantes condiciones medioambientales. Una herramienta para iniciar el diseño de negocios innovadores y rentables es el análisis de la marca a través del método ikigai, o lo que es lo mismo: conociéndote a ti mismo.

Como dijo Alejando Magno:

Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo así mismo sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea.

Alejandro Magno

Además, si conoces bien tus capacidades, lo que quieres conseguir en tu vida personal y profesional, el camino para planificar tu estrategia de marca será mucho más focalizado. Nos centramos en tus verdaderos objetivos, en eso que te hace diferente al resto y encontraremos el nicho de mercado adecuado.

¿Qué es ikigai?

Ikigai (iki es vida y gai valor) es una filosofía nipona milenaria. De quienes la profesan cuentan que son los humanos más longevos y felices pues tienen ikigai, o lo que es lo mismo, tienen clara su razón para vivir. Saben que les da significado a su vida, son capaces de ser felices con las pequeñas satisfacciones del día a día. Eso les motiva a levantarse cada mañana e impulsarse para tratar de sentirse plenamente satisfechos y felices —es el tipo de motivación capaz de mantenerte en el camino para conseguir tus objetivos, mucho más fuerte y perdurable que la motivación proveniente de un vídeo o un slogan—. Pero no es la juventud eterna ni la felicidad per sé lo que aquí nos ocupa sino cómo es la herramienta que nos ayuda a conocer nuestro propósito. El propio, como marca personal, empresa, o el de un equipo —es una muy buena técnica de team building y muy utilizado en equipos ágiles—. Por esto, lo que aquí utilizaremos es la interpretación occidental: un diagrama de Venn que te ayudará a entender y encontrar tu propio ikigai.

Pero ¿de dónde proviene el método ikigai occidental? Pues de una charla TED, un astrólogo y un speaker

Andrés Zuzunaga, astrólogo psicológico, creó en 2011 el diagrama de Venn que hoy en día pensamos que es el diagrama del ikigai, pero en su día el astrólogo lo acuño como diagrama de «el propósito» (aquí una publicación de Facebook de Andrés en 2012). Este diagrama apareció públicamente por primera vez en el libro «Qué harías si no tuvieras miedo» de Borja Vilaseca en 2013.

En 2014 Marc Winn, emprendedor y speaker, escribió un post de blog fusionando el diagrama de «el propósito» con el concepto de ikigai de Dan Buettner, en relación con vivir para tener más de 100 años. Aquí puedes leer un post de Marc donde el mismo explica lo que ha pasado.

¿Cómo utilizar la herramienta ikigai?

Bueno, puestos en contexto ya podemos iniciarnos en el bello arte del autodescubrimiento. El diagrama ikigai es una herramienta de análisis como lo puede ser el DAFO, de hecho tiene muchos paralelismos. Esta formado por una matriz de 4 círculos interseccionados. Uno contendría aquello «que te gusta hacer»; otro «en lo que eres bueno»; un tercer círculo aquello que «el mundo necesita» y el cuarto que contiene «por lo que te pueden pagar».

Para que te resulte más sencillo realizar este ejercicio te dejo aquí una plantilla que puedes descargarte gratuitamente. Se imprime en varios A4 y solo necesitas postits y un boli.

A continuación te detallo la información que debe introducirse en cada uno de ellos con ejemplos:

Primer nivel

Primer circulo: lo que amas

¿Qué te gusta? Me encanta cocinar, plantar plantas, jugar a la play, me pasaría el día haciendo sudokus… No tiene porque ser monetizable, ni ser algo que se te dé necesariamente bien. Son las cosas con las que más disfrutas haciendo.

Por ejemplo:

  • Ver películas de ciencia-ficción y documentales de historia
  • Leer sobre diseño gráfico, marketing, tecnología y neurociencia
  • Ver obras de teatro en directo
  • Aprender cosas nuevas a las que les encuentro utilidad
  • Imaginar e investigar sobre el futuro
  • La fase de investigación y empatía del diseño
  • escuchar a personas muy diferentes a mí
  • Los spas, la música de ambiente relajante, el incienso y los baños
  • Las experiencias centradas en comer bien y el vino bueno
  • Ejecutar diseños digitalmente con tiempo para perfeccionarlos
  • Trabajar en un sillón
  • Enfrentarme a retos de incertidumbre
  • Encontrar respuestas
  • Comprar en Mercadona, hacer pedidos en Amazon y pasear por centros comerciales
  • Maquillarme y llevar ropa cómoda
  • El sarcasmo y la ironia

Es normal que esta lista sea la más larga de todas. Date tiempo para que se te ocurran cuantas más ideas mejor. Cada idea va en un post it. Luego las pones sobre el circulo «lo que amas».

Segundo circulo: en lo que eres bueno

Por ejemplo, has estudiado contabilidad y eres un contable excelente, pero no te encanta, no es tu pasión aunque lo haces bien:

Por ejemplo:

  • Empatizar
  • Visionar el futuro a medio y largo plazo
  • Adaptarme rápido al cambio
  • Vivir en la incertidumbre
  • Visión espacial

Tercer circulo: lo que el mundo necesita

El mundo necesita muchas cosas pero intenta centrarte solo en aquellas que pueden estar relacionadas contigo.

Por ejemplo:

  • Metodologías para innovar
  • Seguridad económica
  • Adaptación a nuevas tecnologías

Cuarto círculo: por lo que te pueden pagar

Cosas que sabes hacer y te pueden pagar por ello. Puede ser saber contabilidad, inglés…

Por ejemplo:

  • Ayudo a innovar
  • Branding estratégico
  • Diseño e implementación de páginas webs e e-commerce
  • Estrategia de comunicación digital
  • Diseño gráfico
  • Creación de contenido

Segundo nivel 

Es el momento de hacer las fusiones de los círculos. ¿Qué cosas de las que has escrito se interrelacionan entre ellas?

Aquí ya puedes apartar todos los postits que estás viendo que son irrelevantes para lo que estás buscando.

Pasión: lo que amas + en lo que eres bueno

Se parece a la fortalezas de un análisis DAFO. Pero aquí no analizaremos las debilidades (para ello, recomiendo además de hacer el ikigai, hacer un DAFO. Para analizar lo que no te gusta, lo que llevas mal, en lo que todavía tienes que mejorar…).

Por ejemplo:

Amo hacer diseños digitales con tranquilidad y soy buena porque tengo buena visión espacial. 

Misión: lo que amas + lo que el mundo necesita

Si te gusta y el mundo lo necesita, ¡enhorabuena! ¡Eres el elegido! Es tu misión ofrecer eso al mundo. Pero de ahí no vas a ver ni un duro. Y puedes acabar arruinado.

Por ejemplo:

Amo aprender cosas nuevas para aplicar en proyectos de innovación.

Profesión: en lo que eres bueno + por lo que te pueden pagar

Se te da bien y ¡además pagan por ello! Pero no quiere decir que te guste, ni que realmente el mundo lo necesite demasiado.

Por ejemplo:

Soy buena visionando el futuro a medio y largo plazo. Podrían pagarme por hacerlo en plan futuróloga, pero el mundo no lo necesita y tampoco pensaba hacerlo. 

Vocación: lo que el mundo necesita + por lo que te pueden pagar

Correspondería a las oportunidades en un análisis DAFO. Si el mundo necesita algo, ese algo puede convertirse en tu nicho de mercado. Y si puede ser pagado, quiere decir que es un producto o servicio suficientemente apreciado como para que tenga una buena acogida en el mercado.

Por ejemplo:

Podrían pagarme por ayudar a negocios locales a innovar, digitalizarse y conseguir mayor seguridad económica.

Como he dicho antes —y resaltado— en la vocación encontramos el nicho de mercado.

Tercer nivel

Ahora creamos nuevas ideas a partir de la intersección de tres círculos.

En lo que eres bueno + lo que amas + lo que el mundo necesita: 

El resultado de estas tres intersecciones es el goce y el sentido de realización, pero sin dinero.

Por ejemplo:

Soy buena adaptándome al cambio, amo los retos de incertidumbre y el mundo necesita que nos adaptemos a las nuevas tecnologías (me voy a dar una palmadita en la espalda a mí misma).

Lo que amas + lo que el mundo necesita + por lo que te pueden pagar: 

Entusiasmo y complacencia, pero sensación de incertidumbre. Te sientes mal por la incertidumbre de pensar que no eres bueno y aparece el síndrome del impostor.

Por ejemplo:

Me encanta imaginarme el futuro. El mundo necesita metodologías para innovar y podrían pagarme por ayudar a conseguirlo.

—Esta frase no sirve porque, como he dicho antes, soy buena visionando el futuro; luego podría ser mi ikigai. Pero por buenos análisis que se hagan, el futuro siempre es incierto. Los humanos no somos capaces de predecirlo. Por eso innovar es riesgo. Así que es un ikigai regulero—.

Lo que el mundo necesita + por lo que te pueden pagar + en lo que eres bueno: 

Estás trabajando en algo que no te gusta. Por dinero que ganes, y aunque lo hagas bien, no te gusta lo que hace, tendrás una vida confortable pero te generara una sensación de vacío continuo.

Por ejemplo:

El mundo necesita digitalización. Me pueden pagar por digitalizar las ventas a través de un canal online, y soy buena en ello, pero no me llena 100 %. Le falta emoción; falta un reto innovador. 

Por lo que te pueden pagar + en lo que eres bueno + lo que amas:

Produce satisfacción pero da sensación de inutilidad porque el mundo no necesita lo que haces.

Por ejemplo:

Me pueden pagar por crear diseños basado en mis películas de ciencia-ficción favoritas.

—Pero el mundo no me necesita para eso, ya hay ilustradores muy buenos que lo hacen genial—.

Lo que amas + lo que el mundo necesita + por lo que te pueden pagar + en lo que eres bueno: ikigai

¡Estás en el punto ikigai! Ahora, crearás una frase donde explicas cada punto. Si al leerlo te lo crees («si resuena contigo el mensaje»), ya tienes tu ikigai. Acabas de obtener el propósito de tu marca y con el proceso, recordemos que hemos redactado algo que hemos llamado misión. Además de exponer en el primer nivel conceptos clave que dan respuesta a cómo es tu esencia.

Por ejemplo:

Mi propósito es ayudar a través del diseño estratégico a negocios locales para que aprendan a innovar y a adaptarse de manera competitiva y resiliente a un mundo en constante cambio.

Además, si recapitulamos…

Mi misión es aportar mis conocimientos en proyectos de innovación.

Mi esencia es innovadora, tecnológica, humanista y sarcástica. 

Con estas tres frases tenemos lo necesario para redactar la misión, visión y valores de nuestra marca personal, emprendimiento o equipo ágil. Decir que el propósito (ikigai) responde más a la misión de la marca, la misión a la visión y la esencia a los valores. A partir de aquí tenemos la información necesaria para saber qué queremos comunicar sin perder el foco en lo verdaderamente importante.

Espero que con toda esta información puedas hacer el ejercicio fácilmente ¡y llegues a descubrir tu propósito!

Si quieres que cuente cómo utilizar alguna otra herramienta o tienes alguna duda… ¡Espero tus comentarios!

 

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad